Caballero levántate una vez más
Toma tu mano firme la espada
Prepárate a la hora que ha de llegar
E ignora la herida que te hace mortal.
Frente a frente tienes al vil dragón
De purulento aire de azufre y carbón,
Lleno de aldenos pobres y enfermos
Consumidos por la gula y el terror.
Posa dedos sobre tu jadeante pecho
No dejes fenecer al corazón herido,
Mira al mal directo a los ojos
Y que no piense que el palpitar se ha detenido.
Recuerda sobre tu casco posa
El aromatizante pañuelo
De entre las damas la más hermosa,
La bella princesa del reino.
Olvida el escudo roto,
Ya te ha protegido de una muerte segura,
Vuelve sobre tu caballo,
Es hora de entregar la vida que tanto adoras.
Siente sobre tu rostro el viento veloz,
En tu piel el miedo siempre escondido,
Escucha el galope raudo y centellante
Deja tus sentidos entregarse al ataque
No temas el dilatar de tus pupilas
Al ver sobre las fauces del monstruo
Un nebuloso aire de fiero rojo
Que te embiste con alevosía.
Atraviesa la nube de fuego fatuo,
Resiste el dolor del ígneo calor,
Sé un ángel vengador cruzando el infierno,
Y extiende tus alas de gloria con honor terco.
Recuerda que ere la esperanza de un pueblo,
En tus hombros llevas las risas y recuerdos
De hombres justos y mujeres nobles
Con historias, vidas y nombres.
No temas jamás al féretro
O al dejar a la gente sin campeón,
Generaciones enteras estarán dispuestas
A entre tus escombros llevar tu bandera.
La armadura se torna negra,
Eres consumido por la fiera,
Pero la marcha sigue a delante,
Indetenible ha sido el avance.
El demonio te ve a sus pies
De manera burlona y de revés,
Esgrimes tu arma mostrando el filo
Que destella cual estrella del idilio.
Tu fiel corcel se lanza sobre las escamas
Con mabas manos tomas la vieja espada,
Suelta ya la laceración,
Su sangre es expulsada,
Y el arma santa
Penetra el corazón del anatema.
El gran gigante siente la estocada crítica,
No tiene valor para resistir tal sacudida,
Su rostro dracónico resonando a terremoto
Y en todo el alrededor se levanta el polvo.
Completada tu misión deja escapar una sonrisa,
Sabes bien que ellos podrán dormir otro día,
Y que cualquier otro en que haya un nuevo peligro
Tu ejemplo les hará hacer lo bien debido.
Caballero muere sobre tu caballo
Montura digna de ese hombre camina de vuelta,
Al lugar donde cada día el sol les espera.
Ante un amanecer de color bronce
Se observa una sombra andante
Ciudadanos de la villa se acercan
Y logran ver los últimos pasos
De un alazán convaleciente y cansado.
El silencio se apoderó del tiempo,
De cada letra de ese momento.
De cada pequeño sentimiento
Y de cada uno de nosotros.
Muchos temieron por el futuro,
Quizás porque jamás comprendieron
El sentido de este sacrificio,
Arrepentimiento irrefutable de cualquier vicio.
Ante un atardecer lleno de velas,
El ataúd es entregado a la tierra,
La espada se inserta sobre la tumba
Y las campanas de la iglesia retumban.
La princesa entrega sus lágrimas,
El rey su corona preciada,
La gente su admiración e idolatría
Y el sarcófago la paz que el atesora.
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