viernes, 19 de agosto de 2011

Tiquiti-taquiti-tictactoc. - Deliriodrama II

En el medio de la ciudad del Ego 
Había una prominente torre plateada,
Ni más ni menos que el torreón del reloj,
Empezando por sus paredes estilizadas,
Siguiendo por pilares a la estructura adosados
Y varios cientos de góticas ventanas,
De esas punteadas como una risa macabra,
Acompañados por miles de campanas,
Bóvedas sobresalientes y marcadas,
Un ejército de gárgolas apostadas,
Un gran cuadrante con horario y minutero
Y al final, un pináculo de cruz, el último escalafón
Que literalmente rosaba el cielo. 

Ahí,
Entre engranajes, péndulos y clavijas
A través de péndulos, pesas colgantes y manecillas
Ahí,
Circundado por calderos, válvulas y cigüeñales
Complicados, entreverados como cabales 
Vivía, de los que restan, una familia.
Tres hermanos de un mismo padre,
Pero de invención y diseño, no de carne.

El mayor de ellos era Tictactoc,
Creado a partir de piezas de cobre,
Su trabajo era ser el súper-conductor
Aunque sus hermanos no le veían lo súper
Puesto que era triste y amargado
Sin duda, lo había hecho su labor,
Era él entonces quien cada noche de tempestad 
Salía cual poderosa e inmediata antena
A recibir con su cuerpo a la tormenta eléctrica
Para luego con su deber a más no poder de dolor gritar. 

El del medio fue Taquiti, 
Ensamblado en un bronce bien moldado,
Al cual siempre se le encontraba infraganti
Creyéndose del reino el más hermoso.
Él era el gran maestro mecánico,
Que de nada le quitaba lo romántico
Y si bien se creía sucio,
Mantenía todo tan limpio y pulcro
Que los dispositivos parecían espejos,
Claro, todo para verse en sus reflejos. 

El más chico era Tiquiti,
Hecho de hierro tenía pedigrí,
Lo que lo hacía fuerte y poderoso,
Muchos lo acusaban de ser un monstruo
Y en verdad, era inocente y algo tonto,
¡Hey! Eso no era su culpa
El inventor lo hizo, para cargar, una mula.
Por lo cual siempre iba de aquí a allá
Cantando feliz sin jamás cesar. 

Entonces, cada día, a la media noche,
Como lo dictaba hace mucho
El oráculo de las perdiciones,
Amenazando con truenos y relámpagos
Una terrible temporal arremetía
Contra los pobladores de la localidad.

Justamente, segundos antes
Tiquiti, Taquiti y Tictactoc
Cenaban como de costumbre
Aceite lubricante depurado
Alrededor de una mesa
“¡Qué trágica y triste la vida mía!” 
-decía Tic-tac-toc en cada comida.
“Qué mal rayo me parta,
Me desbaratije y no deje nada”
-y males repetía, repetía.
“Hermano, anima esa ánima,
Haz lo que yo hago cuando estoy de malas,
Lustro las partes del reloj
Y veo que soy tan pero tan bello”
- comentaba Taquiti.
“¿Acaso el aceite se acabo?”
-murmuraba Tiquiti el tragón.
“Eres un bellaco inútil”
-insultado se sentía Tictactoc
“Si hicieras lo que yo”
“Si hiciera lo que tú,
Todo estaría inmundo”
-Taquiti respondió.
“Un día, un día,
Haz lo que yo un día”
-insistió Tictactoc.
“¡Ya basta!” – Taquiti golpeó la mesa
“En serio ¿se acabó el aceite?” 

Exactamente, después de segundos pasados,
La tormenta arremetía con poderío,
Los hermanos corrieron de sus estaciones,
Con sus pies enlazados a los rieles del reloj
Los autómatas se lanzaron a hacer sus labores,
Tic-tac-toc se disparó en alta velocidad al tope,
Taquiti arrancó hacía los mecanismos
Tiquiti se quedó preguntando “¿Y el aceite?”,
Afuera la ciudad observaba en pánico
La maldición de todos los días acechando,
Destellos de luces llovieron
Y a pesar de la lluvia en la ciudad comenzó el infierno,

El venerable de cobre antes de abrir la última puerta
Se dijo “Mastro, Pieri, que en paz descanse ¡DESGRACIADO!” 
Sus pies agarrados a los carriles,
Los carriles colocados alrededor de la torre,
La torre de la ciudad lo más alto
Y su héroe un deprimido viejo ermitaño. 
Centellas cayeron del horizonte
Justo hechizo destructor de los dioses,
Tictactoc se abalanzo sobre cada meteoro,
En su pecho cobrizo cayeron rayos uno sobre otro,
Precisamente, a la media noche,
Del oxidado robot se escucharon gritos.
“Odio mi vida” primera descarga,
“Todo es dolor” segundo castigo,
“Ojalá, sea el final” tercer choque,
“¿Por qué no muero?” cuarto impacto.

Abajo, en la maquinaría,
Con cada chispazo sobre la torre
Una pieza de indómito aparato
Se desprendía de su puesto original,
Repararlo rápidamente lo hacia Taquiti
Mientras “Tengo hambre” decía Tiquiti,
Era una labor quejumbrosa
Recuperar, reparar y lustrar,
Sin contar verse y hacer poses,
“La vida te ha hecho tan bello,
No deberías ser ingeniero
Mucho mejor que el queso
Ser un soberbio modelo”

Como se puede ver
En medio de una emergencia
Cargar un montón de materiales
No es la gran cosa,
Por eso al lado de la mesa
Estaba el pobre Tiquiti
Que no era muy útil,
Mal día, mala cosa,
Fue una extraña mariposa,
El Goliat de hojalata la observó,
El insecto tomo vuelo en círculos,
“¡Hay que lindo, que bella cosa!”
Se decía Taquiti
Pero fue ella para Tiquiti,
Corriendo tras la lindura 
Corrió, corrió y corrió, 
Entre el fuselaje y las tuberías,
Corrió, corrió y corrió,
Destruyendo las bases de una maravilla,
“¿Qué estás haciendo loco?” – dijo Taquiti
“Buscando la bella” dijo Tiquiti.
“Aquí, la única bela, soy yo” 


En plena lucha contra la luz de la noche
El guerrero que era muy fantoche,
Parecía tener la situación controlada
Hasta que sintió la torre inclinada
Entonces, sonrió
Como viejo amargado
Solo podía sonreír
Ante ver como del descenso
Uno se volvería con la metrópolis
“Como odio mi trabajo” 
Fueron las palabras de Tictactoc.

“Siempre lo supe,
Debí ser actor o modelo”
Reclamó Taquiti al destino
Y con una voz de tenor
Gritó al mundo:
“¡NOOOOOOOO!”
Mientras este se le caía encima

Pero Tiquiti al menos atrapó su mariposa,
Al menos un segundo de felicidad
Y una eterna sensación de ver flores y rosas
Cuando encima se le vinieron las campanas.

En el medio del caos del Ego 
Había una prominente torre en tambaleo,
Ni más ni menos que pedazo a pedazo,
Empezando por sus paredes destrozadas,
Siguiendo por pilares que se resquebrajan,
Y varios cientos de góticas ventanas cuarteadas,
De esas punteadas como dientes rotos,
Acompañados por miles de campanas sonando,
Bóvedas desmoronándose y volviéndose nada,
Un ejército de gárgolas en retirada,
Un gran cuadrante sin horario ni minutero
Y al final, un pináculo de cruz, la primera en caer
Que literalmente perdía la lucha contra el cielo. 

Los hermanos Tiquiti-Taquiti-Tictactoc
Mastro Pieri siempre estará orgulloso,
Las hermanos Tiquiti-Taquiti-Tictactoc,
Permanecerán en nuestro corazón,
Dios si existe,
Que en sus brazos los lleve. 

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